Mezquita de Solimán

Vista exterior de la Mezquita de Solimán.

Vista exterior lateral de la Mezquita de Solimán. © Pasionporestambul

La Mezquita de Solimán el Magnífico (Süleymaniye Camii) es una de las más importantes y hermosas de Estambul. Abierta todos los días al público, salvo durante las horas de oración, su visita supone contemplar uno de los edificios clave del período de esplendor del Imperio otomano.

Su creador fue el célebre arquitecto Sinán, quien utilizó un antiguo solar en el que estuvo inicialmente edificado el Palacio Eski. Las obras comenzaron en el año 1550 y se extendieron hasta 1557, dando como resultado una soberbia mezquita para el culto y una institución destinada a la caridad, donde se llegaron a atender a más de 1.000 necesitados al día. En los alrededores se construyó todo un complejo de edificios: cuatro madrasas o escuelas teológicas, una escuela de medicina, un comedor de beneficencia, un hospicio para los pobres, un caravasar, un baño turco y un cementerio.

“He construido para vos, oh emperador, una mezquita que permanecerá sobre la faz de la tierra hasta el día del juicio”

Palabras del arquitecto Sinán a Solimán el Magnífico

DESCRIPCIÓN

Interior de la Mezquita de Solimán, una de las más importantes y famosas de Estambul.

Interior de la Mezquita de Solimán, una de las más importantes y hermosas de Estambul. © Pasionporestambul

Exteriormente llama la atención la hilera de cúpulas en forma piramidal, coronada por una gran cúpula central que simboliza el firmamento. Todo ello hace pensar en una especie de escalera simbólica que conduce de la tierra al cielo.

Los cuatro minaretes situados en las esquinas del patio –y que constan de un total de 10 balcones– hacen referencia a Solimán y a su posición histórica: fue el cuarto sultán de Estambul y el décimo de la dinastía otomana.

En el interior, las proporciones son equilibradas. La cúpula, de 53 metros de alto (doble de diámetro), se asienta sobre un cuadrado perfecto de 26,5 metros. La sensación de amplitud es inmediata gracias a la ausencia de naves laterales y a la penetración de la luz a través de las más de 100 ventanas –incluidas las 32 de la cúpula central y las 23 situadas en cada tímpano– que decoran sus muros.

Un seísmo derrumbó la cúpula en el año 1766, lo que hizo necesaria su reconstrucción. La labor fue encomendada a los hermanos Fossati, quienes levantaron una nueva siguiendo la línea del barroco otomano. Lamentablemente, la falta de sintonía entre la sencillez original y la opulencia de la restauración resulta demasiado evidente.

Especialmente bonitos son el mihrab y el mimbar, ambos delicadamente trabajados, así como las hermosas vidrieras localizadas a ambos lados del primero.

Interior de la Mezquita de Solimán.

Interior de la Mezquita de Solimán. © Pasionporestambul

Llamativas son las columnas antiguas que decoran el interior y que fueron utilizadas por Solimán para mostrarse como digno sucesor de los emperadores romanos y bizantinos. Varias son de granito rosa o mármol y proceden de Assuán en Egipto, mientras que las cuatro que sostienen la cúpula central, provienen de lugares variopintos. La primera es la Columna de la Virginidad, inicialmente situada cerca de la iglesia de los Santos Apóstoles; la segunda procede del Palacio Imperial; mientras que las dos restantes son originarias de Alexandretta (la pequeña Alejandría, actual Iskandar, cerca de Antakya).

En la misma línea destacamos los 24 pilares antiguos procedentes del hipódromo, que se pueden contemplar en el patio porticado que precede a la sala de plegarias. La grandeza de esta zona y la ausencia de adornos decorativos sorprenden al visitante, que tiende a echar en falta los bellos revestimientos de cerámica contemplados en otras mezquitas. Se piensa que Sinán recibió órdenes directas del sultán de huir de la ostentación y el lujo.

Otra de las virtudes del templo es su excelente acústica. El arquitecto logró que el sonido se oyera con claridad en todos los rincones del santuario, para facilitar la escucha de los fieles que seguían el ritmo del imán durante los periodos de oración.

Finalmente, destacamos las magníficas inscripciones caligráficas realizadas por Ahmet Karahisari en el siglo XVI. Este maestro de la caligrafía fue capaz de escribir la misma palabra de 60 formas diferentes.

CEMENTERIO

Junto a la Mezquita de Solimán se encuentra el cementerio.

Junto a la Mezquita de Solimán se encuentra el cementerio. © Pasionporestambul

Situado junto a la mezquita, se encuentra el cementerio con las tumbas de Solimán el Magnífico y su esposa, Roxelana (Haseki Hürrem), una intrigante mujer de origen ruso que fue muy querida por el sultán. Su amor fue tal que la convirtió en su esposa legítima, a pesar de tratarse de una costumbre caída en desuso entre los gobernantes de la dinastía otomana.

La tumba del fundador de la mezquita consta de puertas decoradas con incrustaciones de ébano, marfil, plata y jade; y de un interior recubierto con bellos azulejos de Iznik.

# En los alrededores de la mezquita –en la esquina de Sifahane Sokak y Mimar Sinan Caddesi– se halla la tumba de Sinán, el arquitecto más grande del Imperio otomano. Lo acreditan más de 350 construcciones entre mezquitas, sepulcros, palacios, edificios municipales, acueductos y fuentes… Este infatigable creador trabajó sin descanso hasta la víspera de su muerte en 1588, cuando contaba con casi 100 años de edad (1490-1588). Su tumba se sitúa en el jardín triangular que el arquitecto utilizó como casa durante la construcción de sus obras.

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