Palacio de Topkapi, tercer patio

Puerta de la Felicidad, Palacio Topkapi

Puerta de la Felicidad, Palacio Topkapi

Al fondo del segundo patio, la Puerta de la Felicidad (Bab-i-Saadet) da paso al tercero, donde se situaban las dependencias privadas del sultán. Aquí recibía a sus súbditos para escuchar sus quejas o plegarias en la víspera de dos importantes fechas: la fiesta del Azúcar (Seker Bayrami) y la fiesta del Sacrificio (Kurban Bayrami), en honor a Abraham. Delante de esta puerta se instalaba el trono de oro del sultán durante las ceremonias de pago de salarios y otras festividades, así como durante la investidura de los nuevos sultanes para que pudieran ser homenajeados por los altos dignatarios del imperio, empezando por los descendientes del profeta Mahoma. En este lugar, además, se rezaba durante los funerales, que se celebraban el mismo día que ascendía al trono el nuevo sultán. Nadie podía sobrepasar la Puerta de la Felicidad sin la autorización expresa del sultán y hasta el gran visir lograba hacerlo sólo en días específicos bajo ciertas condiciones. La puerta se mantenía permanentemente cerrada y era custodiada por el jefe de los eunucos del harén y el personal a su servicio. Un acceso no autorizado de la misma era considerado una violación flagrante de la ley y un desafío a la autoridad del sultán

Sala de Audiencias

Sala de Audiencias en el Palacio de Topkapi

Sala de Audiencias en el Palacio de Topkapi

Junto a la Puerta de la Felicidad se encuentra el edificio que fue utilizado como Sala de Audiencias (Arz Odasi), que era donde el sultán esperaba el resultado de las sesiones de la Cámara del Consejo celebradas en el Diván, hacía entrega del estandarte sagrado a los comandantes que partían a la guerra y donde recibía en visita privada a los embajadores de otros países sentado en un trono de oro y esmeraldas. El trono fue construido durante el gobierno de Mehmet III en 1596. También se utilizaron bellas cortinas y mantos bordados a mano y adornados con piedras preciosas para la decoración de la sala, que variaba en función de la importancia del dignatario. Durante el reinado de Abdül Mecit, a mediados del siglo XIX, los mantos y cortinas que se encontraban en peor estado fueron llevados a la Casa de la Moneda para extraer los metales preciosos que los adornaban. De los objetos de valor se recuperaron 88 kilos de plata y 912 kilos de oro.

Preciosa fuente situada en el exterior de la Biblioteca de Ahmet III

Preciosa fuente situada en el exterior de la Biblioteca de Ahmet III

Para mantener la privacidad de los asuntos tratados en la Sala de Audiencia, se abrían las fuentes del exterior y del interior para que el ruido del agua impidiera escuchar las deliberaciones allí tratadas. Ni siquiera los sirvientes podían filtrar información, pues todos lo que atendían esta estancia eran obligatoriamente sordos. Detrás de la Sala de Audiencias se sitúa la Biblioteca de Ahmet III, construida en 1719 y dotada con miles de volúmenes, así como manuscritos árabes y griegos. La biblioteca fue utilizada por el sultán que le da nombre –gran aficionado a la lectura–. Fue construida con aspecto de mezquita y sobre una base para impedir que la humedad dañara los libros. Fue empleada, además, por el Colegio de Enderun, donde los adolescentes eran educados para ser funcionarios de la corte en cuatro ramas del saber: tesorería, servicio privado del sultán, vigilancia de las reliquias sacras y salubridad de las comidas. Muchos de ellos acabaron casándose con mujeres graduadas en el harén.

Colección de trajes de la época imperial

Antes de llegar a la Sala del Tesoro se encuentra la colección de trajes de la época imperial. Durante un tiempo se mantuvo la tradición de conservar los ropajes del sultán tras su fallecimiento, lo que permite, en la actualidad, contemplar trajes de Solimán el Magnífico, Selim I o Murat IV. Hasta el siglo XVIII, la industria textil otomana fue considerada una de las mejores del mundo. La colección se compone de más de 1.300 trajes, aunque sólo algunos de los más espléndidos y con mayor valor histórico se exponen al público.

Sala del Tesoro

La Sala del Tesoro es una de las más espectaculares del palacio por las impresionantes joyas preciosas y semipreciosas que contiene. Muchos de los objetos expuestos son regalos recibidos por los sultanes de manos de mandatarios extranjeros o locales. Sorprende la ausencia de joyería femenina, pero los tesoros eran propiedad de los sultanes y visires, tras cuya muerte pasaba automáticamente a manos del Estado. La mala situación financiera por la que atravesó el imperio a partir de 1850, obligó a los sultanes a endeudarse, aunque todos ellos evitaron vender las riquezas de un tesoro que siempre consideraron “herencia de sus antepasados”. El último sultán, Mehmet VI, tampoco cogió ningún objeto tras el desplome del imperio. Tras ser destronado, abandonó el palacio llevándose tan sólo pertenencias personales. En el interior se pueden contemplar magníficas joyas. Comenzamos mencionando los tronos expuestos, entre los que destacamos:

  • Trono de Nadir Shah. Fue enviado por el emperador persa a Mahmut I a mediados del siglo XVIII. Fue construido en la India y decorado con rubíes, esmeraldas y 25.000 perlas del mismo tamaño.
  • Trono de ébano. Murat IV se lo llevó consigo a la campaña de Bagdad por su facilidad de montaje y desmontaje. Fue construido a finales del siglo XVI.
  • Trono ceremonial. Fue fabricado en el siglo XVI y empleado en las ceremonias de entronación de los sultanes.

Entre los regalos recibidos y los botines de guerra acumulados destaca una vasija de oro adornada con turquesas y rubíes, que fue obtenida por Selim I en la batalla de Saldivan en 1514. Muy admirados son, además, los huesos del brazo y cráneo de San Juan Bautista, que fueron conservados en Constantinopla durante el Imperio bizantino, pero que cayeron en manos otomanas tras la conquista de Bizancio. Especialmente interesantes son las piezas de joyería otomana como un magnífico yelmo de oro y dos impactantes candelabros (también de oro); de 48 kilos de peso cada uno y con miles de diamantes encastrados. Fueron encargados por el sultán Abdül Mecit y enviados a la tumba del profeta Mahoma en el siglo XIX. Durante la I Guerra Mundial fueron traídos al palacio de Topkapi para evitar que fueran saqueados.

La daga de Topkapi

La daga de Topkapi

Otras joyas asombrosas son las esmeraldas expuestas –incluida la más grande del mundo, que pesa más de tres kilos–, los rubíes, los diamantes de variados tamaños… Magnífica es la cota de malla cubierta de diamantes de Mustafá III; así como la daga de Topkapi, que Mahmut I encargó a sus joyeros para regalar al Sha de Persia, en agradecimiento por el trono que de éste recibió. El inesperado fallecimiento del Sha impidió que recibiera tan soberbio obsequio. La daga tiene tres grandes esmeraldas en una de sus caras. La empuñadura está coronada por una tapa redonda formada por una esmeralda octogonal de 3 centímetros de diámetro que se halla bordeada de diamantes. Si se levanta la tapa, se descubre un reloj en la parte superior. Espectacular es el diamante Kasikçi, que tiene forma de cuchara y que es considerado uno de los diamantes más grandes del mundo. Se trata de una piedra preciosa de 86 quilates, rodeada por 49 brillantes que el sultán Mehmet IV llevó en su turbante, por primera vez, el día de su coronación en 1648. Según cuenta la leyenda, un chatarrero encontró esta gema entre la basura y la intercambió, sin mucho acierto, por tres cucharas. Ello le valió el sobrenombre del diamante del cucharero. Magnífico es también el diamante Luz de la Noche o Estrella Brillante (Keukeb-i-Demi), que fue comprado por el sultán Ahmet I para depositarlo en la tumba de Mahoma. Junto al edificio que alberga la dirección del Topkapi se encuentra la colección de retratos y miniaturas. Esta fabulosa exposición fue extraída de los manuscritos turcos (con fechas comprendidas entre los siglos XIII y XVIII), y contiene más de 13.000 muestras, de las cuales sólo una parte se expone de forma periódica.

Sala de las Reliquias Sacras

Antes de pasar al cuarto patio se puede visitar la Sala de las Reliquias Sacras (Hirka-i-Saadet), que guarda todo tipo de objetos religiosos traídos por Selim el Cruel tras conquistar Egipto en 1517. En un principio, las reliquias sólo pudieron ser admiradas por los sultanes y su entorno en fechas religiosas, pero todo cambió tras 1962, cuando comenzaron a ser expuestas al público. En la actualidad, las reliquias son veneradas por un imán que reza versículos del Corán durante las horas de apertura al público del museo. Entre las reliquias más admiradas destaca el manto del Profeta. La costumbre era exponerlo una vez al año, el decimoquinto día del Ramadán. A día de hoy se guarda en un cofre de oro que alberga otro más pequeño en su interior. La sala también exhibe el estandarte del profeta, una bandera que fue utilizada por Mahoma en sus primeras batallas en defensa del islam y dos espadas de oro adornadas con piedras preciosas. En pequeños cofres de oro con diamantes y relicarios se guarda un diente de Mahoma, algunos pelos de su barba (unidos por un fino broche de oro) y el sello de ágata de un centímetro traído desde Bagdad. Otras reliquias son la “huella del profeta” de 28 centímetros de longitud, y la denominada “carta del profeta”, doce líneas escritas por Mahoma y dirigidas al jefe del pueblo copto en Egipto.

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