Cisterna de la Basílica

NOTA: La visita es muy sugerente, pero, en el interior, la luminosidad es escasa. Se debe tener cuidado con las goteras, proteger el equipo de fotografía y llevar ropa apropiada. Hay algunos tramos de escalera que son muy resbaladizos.

La Cisterna de la Basílica o Yerebatan Saray es una cisterna subterránea que proveía de agua al Palacio de Topkapi

La Cisterna de la Basílica o Yerebatan Saray es una cisterna subterránea que proveía de agua al Palacio de Topkapi. © Pasionporestambul

Una de las curiosidades de la ciudad es la cisterna subterránea que construyó Constantino en el siglo IV y que fue posteriormente reformada por Justiniano. Este aljibe abastecía las necesidades del palacio imperial con las aguas procedentes de los acueductos de Adriano y Valente. Se trata de la cisterna cubierta más grande de la ciudad (140 x 70 metros) con una extensión de terreno de 9.800 metros cuadrados. Solía alojar 80.000 metros cúbicos de agua.

Tras la conquista otomana, transcurrió más de un siglo antes de que se descubriera la existencia de este lugar, y ello sólo fue Posible tras comprobar que la gente extraía agua bajando cubos a través de los agujeros en los sótanos. El responsable de sacar a la luz su existencia fue el científico francés Petrus Gillius (1490-1555).

Cabeza de Medusa en la Cisterna de la Basílica

Cabeza de Medusa en la Cisterna de la Basílica. © Pasionporestambul

El conjunto se compone de una bóveda sustentada por 12 filas de 28 columnas, que suman un total de 336. Cada una de ellas mide más de ocho metros de altura y fueron coronadas con capiteles corintios. Al final de la cisterna hay dos colosales cabezas de Medusa que fueron utilizadas como base para unas columnas que debieron ser demasiado cortas para llegar al techo. Otra teoría dice que las cabezas de medusa fueron colocadas en la cisterna para protegerla del mal de ojo. Según la mitología griega, Medusa, una de las górgonas del infierno y la única con aspecto humano, se enamoró de Perseo, hijo de Zeus.Su belleza despertó la ira y los celos de Atenea, quien transformó su larga caballera negra en serpientes e hizo que, con sus ojos, petrificara a quien la mirara.

Perseo acabó cortando la cabeza de Medusa y utilizándola en sus batallas para solidificar a sus enemigos. Ello explica el motivo por el cual algunos edificios tienen una cabeza de medusa. Con su presencia buscan la protección contra el mal de ojo y los malos espíritus.

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